Gran triunfo pro-vida en el Parlamento británico

El que resiste gana. Y además, hay causas que no permiten abandonar, porque son, realmente y sobre muchas otras, las más importantes por todas las razones. Un muestra es el gran triunfo obtenido por el valor y la perseverancia, y la inteligencia, por activistas pro-vida en el Parlamento británico; sí, en la misma fuente del horror de la legalización del aborto.

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Andrew Stephenson
Cat Smith

Andrew Stephenson, fundador del grupo británico pro-vida Abort67 acudió al Parlamento inglés, como invitado, a una reunión organizada por la asociación proabortista Abortion Rights y patrocinada por la laborista Ministro de la Mujer e Igualdad, Cat Smith. El asunto de la reunión era: Acceso al aborto en 2016: prevenir el acoso y ejercer presión sobre el poder, a la que también acudieron todo tipo de organizaciones proabortistas con el fin de presionar para lograr la legalización del aborto en cualquier circunstancia y bajo cualquier excusa o incluso por ninguna razón. Entre los abortistas estaban algunos tan radicales y destacados como Laura Bates de Everiday Sexism Proyect, Genevieve Edwards de Marie Stopes, el doctor Pam Lowe de la Aston University, Edem Barbara Ntumy de Christian´s for Choice y Kerry Abel de Abortion Rights Chair.

Al comienzo de la reunión, la ministro Cat Smith se describió a sí misma como una “cristiana pro-elección“; asegurando a los asistentes que las dos posiciones en conflicto eran “compatibles”.

Los asistentes del grupo pro-vida Abort67 escucharon pacientemente todo lo que se dijo en pro del aborto durante casi dos horas, alegaciones pro-abortistas siempre basadas sólo en falsos casos de supuestas intimidaciones y acoso a las mujeres que venían a abortar, de bloquearles el paso a las clínicas abortistas, de lo “amoroso y compasivo” que es el aborto, de que “es salud”, de que es “seguro y legal”, todo ello, por supuesto, ocultando a todas las mujeres que han muerto por abortos provocados “seguros y legales” y de los cerca de 200.000 bebés que se masacran anualmente en el Reino Unico por abortos provocados, etc., etc.

Finalmente, Andrew Stephenson, por el grupo Abort67, pudo comenzar a hablar, lo que, como era de esperar, provocó las ínfulas de los contrarios, los cuales demostraron en seguida que no estaban dispuestos a permitir tal cosa, dando así una muestra más, de las muchas que se conocen, de lo que para ellos significa la democracia y la libertad de expresión. Desde luego, lo que los abortistas presentes no perdonan es que, por ejemplo, desde hace 18 meses Abort67 lleve a cabo una valerosa campaña para mostrar la verdad del aborto en las afueras de los centros abortistas y “centros de salud” donde se realizan abortos con el beneplácito y apoyo del BPAS o de Marie Stopes, entre otras, dos de las organizaciones abortistas más poderosas de Inglaterra que a medida que han ido creciendo y extendiéndose no han tenido escrúpulo alguno en fagocitar, sin que se aprecie a la vista, los centros de salud reales… convirtiéndolos en cuasi clínicas abortistas, eso sí, subvencionadas por el Estado.

Genevieve Edwards, directora de comunicación del grupo abortista Marie Stopes reconoció que debido a las eficaces acciones de Abort67, habían aumentado las dificultades para “proporcionar servicios de aborto” en centros de cirugía y centros médicos de Gran Bretaña porque, según acusó Genevieve “activistas pro-vida estaban enviando cartas a los propietarios de dichos centros advirtiéndoles de que, caso de permitir utilizar sus instalaciones por abortistas, llevarían a cabo en el exterior de ellas campañas de sensibilización sobre la realidad de los abortos que en ellas se practicaran, así como lo que les sucedía a los bebés abortados”.

Otro de los abortistas presentes alegó que “el lugar adecuado para el debate sobre el aborto no eran las afueras de los centros abortistas, sino el Parlamento donde esta reunión se llevaba a cabo…”.

Pero tras intervenciones tan “dialogantes y democráticas”, rápidamente se pudo comprobar que tales personas no eran dadas a dicho “talante”, es decir, a que los que no opinan como ellos pudieran expresarse, ni siquiera en el Parlamento al que tanto aludían.

Cuando le llegó el turno, Andrew Stephenson levantando la mano y presentándose como el fundador del grupo pro-vida del que aquellos proabortistas trataban de deshacerse, dio lugar a un gran revuelo entre las filas abortistas, gritos, rechazo y no poco caos.

Andrew comenzó diciendo que a pesar de todas las alegaciones que habían dicho los proabortistas sobre acoso, intimidación, conductas delictivas, etc., no había ninguna evidencia de ello. Más aún, Andrew Stephenson siguió explicando cómo en sus actuaciones siempre pedían que la policía estuviera presente, lo cual iban a continuar haciéndolo, por lo que si la policía hubiera visto alguna actitud ilícita, les habrían detenido, lo que nunca ha ocurrido.

Andrew siguió con una oferta para que los proabortistas se pudieran deshacer de ellos: todo lo que tenían que hacer era probarles científicamente que el bebé no nacido que ellos matan con el aborto no es un ser humano. Que si se lo demostraban, ellos dejarían todas sus pancartas, desactivarían sus páginas web y abandonarían por completo su actividades pro-vida. Como pueden imaginarse, los proabortistas presentes entraron en shock ante oferta tan tentadora, al tiempo que tan difícil, porque, no nos engañemos, ya que ellos no se engañan y saben que el nasciturus es siempre, desde su concepción, un ser humano.

Pero no quedó ahí la cosa. Aprovechando el silencio provocado por su audaz oferta, Andrew extrajo de una cartera una imagen de gran tamaño que no era de un bebé abortado, sino de un bebé recién nacido salvado por su equipo pro-vida. Andrew comenzó a explicar que la madre de ese niño tenía cita en un centro abortista de Marie Stopes para “asesoramiento”… Y eso fue todo lo que pudo decir antes de que la sala se tornase en un caos. Los abortistas presentes prácticamente enloquecieron ante la imagen y la flema y corrección de Andrew. Y no contentos con ello y con la pataleta, los gritos y la bronca, alguno de los abortistas salieron fuera y avisaron… a la policía, que se personó en la sala.

Las razones que, imperturbable, siguió esgrimiendo Andrew fueron de peso. Lo que había ocurrido era que la madre tenía una cita con los abortistas de Marie Stopes, estando convencida de querer abortar, pero desistió por sí misma tras hablar con el equipo de Abort67 que, portando imágenes de abortos, permanecían, como siempre, a la afueras de la clínica. La madre comprendió la humanidad de su bebé no nacido y la brutal inhumanidad del aborto por lo que decidió proteger la vida del suyo; algo que Andrew aseguró que ocurre muchas veces.

Esa, y no otras, son las razones por las que BPAS, Marie Stopes y Abortion Rights –en Reino Unido, como otras organizaciones abortistas en todos los países que lo tienen legalizado– desean prohibir que los grupos pro-vida se planten en las afueras de sus clínicas.

Andrew comentó posteriormente que salió del acto contento y muy animado por el hecho de que hay esperanza firme de que tamaña barbaridad como es el aborto se termine, entre otras cosas, porque la posición y postura de los abortistas es tan indefendible, tan débil y tan errónea que todo lo que se necesita para que se desmoronen por su propio peso es que se muestre la verdad y la realidad del aborto, sin descanso ni desmayo, sin complejos, con valor y constancia, mucha constancia.

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